KENNETH MARTÍNEZ: Pedro Sánchez o la política con P mayúscula

¿Vamos a hablar de política con “p” mayúscula o con “p” minúscula?, respuesta: con P mayúscula, sin duda. Situémonos, son las seis de la tarde del 27 de febrero de 1977, y en una casa aislada de las afueras de Madrid se reúnen Adolfo Suarez y Santiago Carrillo.

Uno es el presidente del Gobierno y, solo unos pocos años antes, secretario general del Movimiento Nacional (la estructura política que vertebraba el régimen franquista).

El otro es el secretario general del Partido Comunista, en ese momento ilegal en España, que lleva 40 años luchando contra esa dictadura. Los dos se juegan mucho en esa entrevista. El riesgo político que corren ambos es absoluto. La casa dónde se celebra la reunión secreta es del director de la agencia EFE. Unos años después le preguntaron qué hubiera pasado si los ultras del franquismo hubieran descubierto que el presidente se reunía con el que consideraban su peor enemigo. La respuesta fue fulminante: “casi con total seguridad se hubiera producido un golpe de Estado”.

El líder del PCE, con su triste y largo glosario de fusilados, presos y exiliados en 40 años de atroz dictadura, también demostró su valentía y capacidad de liderazgo negociando desde el sentido de la realidad y de la correlación de fuerzas que había en la sociedad española.

Nos dejaremos la piel para que nunca más un catalán le diga a otro catalán tú no ets català simplemente porque no piensa como él

Y la historia demuestra que no se equivocaron. Se logró un acuerdo, un consenso entre todas las fuerzas políticas, se vertebró una confianza recíproca, se aprobó la Constitución democrática y luego hemos tenido los mejores 40 años de progreso en convivencia y libertad de nuestra historia (y si no que alguien me diga que época ha sido mejor). Los mejores años pese a las contradicciones, que las hubo, y los errores y las limitaciones, que también. Pero se jugó limpio, se jugó bien y el beneficiario fue el conjunto del país, también los que hubieran gritado “¡traición!, ¡traición!” si hubieran tenido conocimiento de la reunión.

Casi 40 años después el presidente Pedro Sánchez ha manifestado su disposición a encarar los indultos a los dirigentes independentistas condenados por los hechos de otoño de 2017. Es una decisión valiente, audaz. En términos electorales, a corto término, el presidente no gana nada y arriesga mucho. Tampoco es seguro que la dirección del independentismo deje de engañar a su gente prometiéndoles cuentos chinos en forma de acciones unilaterales que conseguirán reconocimientos internacionales garantizados que luego, a la hora de la verdad, ni aparecen ni aparecerán. También sabemos que la extrema derecha y la derecha pondrán todos los obstáculos que puedan y más para que la vía política y de diálogo no prospere.

Somos conscientes que no estamos al final de nada, ni tan solo al principio del final, pero si podemos estar al final del principio. Sabemos que las posiciones políticas de salida son antagónicas y que cualquier paso en falso será aprovechado tanto por la derecha como por el independentismo radical para dinamitar el diálogo y volver a la confrontación. Pirómanos a la espera no faltan, por desgracia. Pero también sabemos que no hacer nada y dejar que la situación se pudra y se perpetúe a nuestros hijos no es una opción. No, no lo es.

Somos conscientes que no estamos al final de nada, ni tan solo al principio del final, pero si podemos estar al final del principio

Estoy convencido que el presidente Pedro Sánchez está actuando con altura de miras, con generosidad para lograr la reconciliación, pensando en lo mejor para la Catalunya y la España reales, de acuerdo con la política con “P” mayúscula que inmovilistas como el señor Casado o el señor Puigdemont no entenderán nunca (ellos siempre serán más felices cavando un bunker y acusando de traición a los que se muevan un milímetro de él).

Los y las socialistas estamos también convencidos que la gran mayoría de vosotros –los que no gritáis, los que no insultáis- saludáis con esperanza esta nueva etapa de diálogo y de voluntad de acuerdo, desde el respeto a la ley y al Estado de Derecho, para pasar página de un capítulo doloroso de nuestra historia reciente. No os defraudaremos. Nos dejaremos la piel para que nunca más un catalán le diga a otro catalán tú no ets català simplemente porque no piensa como él. Es la hora del valor auténtico, el que no agita banderas, sino que busca soluciones desde el principio de la realidad. La hora de los valientes que no piensan en lograr unos cuantos votos más en las próximas elecciones sino en qué país queremos dejar a nuestros hijos e hijas. La hora, en definitiva, de la política con P mayúscula.

Kenneth MARTÍNEZ
Alcalde del Vendrell
Primer secretari del PSC al Camp de Tarragona

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