Arxius de Said Ben Iazza | Diari La República Checa

REDACCIÓ21 Novembre, 2020
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Vaig estar en els tres darrers judicis més importants per a la Història de Catalunya: 1 d’octubre; Major Trapero i cúpula d’Interior i els atemptats del 2017 a Barcelona i Cambrils. Un d’ells – els dels líders independentistes – em va frapar molt perquè amb alguns dels encausats mantinc una relació d’amistat.

Va passar el mateix amb el judici contra la cúpula d’Interior. Sempre he confiat amb la innocència de Cèsar Puig, persona per qui nodreixo amistat i respecte. Però, de tots tres judicis, el dels gihadistes és el més dur i impactant.

Estic fent la cobertura mediàtica des de la sala de vistes. Estic assegut en les primeres files, just al costat de la ‘peixera’ on es troben els tres processats, acusats de pertànyer a la cèl·lula terrorista dels atemptats del 17A a Catalunya. No em surt del cap que van col·laborar – de manera més o menys activa – en un atac terrorista que va posar fi a la vida de 16 persones i en va ferir centenes d’innocents. Si el seu pla de barbàrie hi ha hagut sortit tal com ells ho havien planejat, la massacre seria dantesca, de conseqüències imprevisibles.

L’altre dia, a l’Audiència Nacional, quan vam visionar els vídeos de l’atropellament massiu a La Rambla de Barcelona no em vaig cansar de mirar-los i als ulls. Driss també em va mirar fixament, mentre els altres dos (Said I Mohammed) tenien comportaments dispars. Un mirava la pantalla mentre l’altre tenia la mirada fixada a terra. Per moments, intentava imaginar que els passava pel cap quan veien les imatges de la tragèdia provocada per la seva radicalització. No sóc capaç d’entendre-ho ni d’arribar a cap conclusió. Per què tanta maldat? Què guanyen amb aquesta barbàrie? Escampar el terror? Sentir els testimonis dels agents i de les víctimes d’aquell fatídic agost és tremend i ens deixa en estat de xoc. És horrible i injust. Les seqüeles físiques i psicològiques de les víctimes directes o indirectes no poden quedar impunes.

El terror no pot quedar indemne. Espero i desitjo que es faci justícia i que la sentència sigui exemplar perquè aquestes actes terroristes no tornen a succeir en un país que només vol la pau. Em deixa astorat la reacció freda i insensible dels encausats. Les seves mirades són desafiants. No sé a què es deu la seva ràbia interior. No hi ha cap Déu ni cap religió que justifiquin escampar el terror, sobretot acarnissar-se amb els innocents. No hi ha res que justifiqui aquesta barbàrie ni el dolor provocar. Res….

Ricard CHECA
Periodista

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REDACCIÓ10 Novembre, 2020
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Los tres acusados en el juicio por los atentados de Barcelona y Cambrils en agosto de 2017 han negado hoy al tribunal que conocieran los planes de la célula terrorista que en ambos ataques provocó 16 muertos y 140 heridos. Tanto Mohamed Houli como Driss Oukabir y Said Ben Iazza se han negado a contestar a las preguntas de la Fiscalía, y solo han respondido a las cuestiones planteadas por sus defensas.

Els tres detenidos

El más parco en palabras ha sido Mohamed Houli -para quien la Fiscalía pide la pena más alta, 41 años de prisión-, que se ha ratificado en las declaraciones prestadas con anterioridad durante la instrucción del procedimiento y ha puesto de manifiesto su “arrepentimiento”, que considera acreditado en que “todas las veces que se me ha llamado para declarar he declarado, incluso voluntariamente”.

Pero en la sala se ha escuchado, a petición de la fiscal Ana Noé, uno de los vídeos hallados entre los escombros de la vivienda de Alcanar -donde murieron el considerado líder espiritual de la célula, Abdelbaki Es Satty, y otro de los terroristas, Youssef Aalla-, el acusado se ha visto obligado a intentar explicarse. Y es que en esas imágenes en las que, junto al autor material del atentado de Las Ramblas, Younnes Abouyaaqoub, y el también fallecido Mohamed Hichamy, se les ve manipulando explosivos, a Houli se le escucha decir que “si Dios quiere esto nos va a abrir las puertas del paraíso” y mientras Abouyaaqoub se coloca un cinturón de explosivo, se le escucha preguntar “¿qué hace esto?”. “Booom”, le contesta su compañero. “Te queda bien eh…”, le replica el acusado entonces. En esa conversación, uno de los terroristas se enorgullece de que para fabricar esas granadas de mano “solo hace falta imán y tener un odio exagerado. Esto no supera los 15 euros, entre 15 y 20, y hace mucho daño. Es una granada de mano improvisada y el presupuesto de cada una no sé cuanto es porque todo lo he traído de mi trabajo”. “Con vuestro dinero nos preparan para mataros, o sea que el problema lo tenéis vosotros, no nosotros -amenaza-. Esto se va a meter en vuestras cabezas, en las de vuestros hijos o en la de vuestras mujeres”.

En su declaración ante el juez Fernando Andreu el 15 de septiembre de 2017 -que también se ha escuchado en el juicio- Houli explica al instructor que ese vídeo se grabó después de una comida en la que dio a entender que le echaron alguna sustancia y estaba “relajado”. “Estaba todo preparado. Ellos me dijeron cómo lo tenía que decir. No estoy a favor de lo que hace esta gente. Solo son palabras. De verdad yo en ese momento no era yo mismo”, declaró al respecto. “Yo estaba todo el día apartado de ellos. Lo hacía para pasar desapercibido porque me podían haber matado en cualquier momento”, añadía para intentar explicar su comportamiento.

En cuanto a Oukabir -que se enfrenta a una petición fiscal de 36 años de cárcel, que las asociaciones de víctimas elevan a prisión permanente revisable, como en el caso de Abouyaaqoub-, el acusado se ha desmarcado tanto del imán de Ripoll, a quien dice no conocer, como de la célula yihadista que nació adoctrinada por Es Satty. “No era una persona ni religiosa ni practicante. No conozco al imán ni iba a la mezquita. Mi vida era la de aquí, salir de fiesta, era consumidor de drogas y alchocol, y salía con chicas de compañía, esto me da vergüenza. Me buscaba la vida”, ha asegurado.

Oukabir, que alquiló la furgoneta con la que se cometió el atentado de Barcelona, ha dicho que le llamaron Younnes Abouyaaqoub, Mohamed Hichamy y su hermano Moussa (estos dos últimos participaron en el atentado de Cambrils y fueron abatidos por los Mossos horas después) y le pideron “que les hiciera un favor y les alquilara una furgoneta para hacer una mudanza, porque ellos no podían por la edad”, cuyo alquiler pagó el autor del ataque de Las Ramblas según ha precisado. Pero él, ha recalcado, no conocía sus planes para atentar. “¿Qué interés iba a tener en todo eso? Perder a mi hermano…”, ha argumentado después de decir que al conocer los atentados tuvo un sentimiento de “conmoción y de shock y de no entender lo que había pasado”.

El juez que preside el tribunal

El acusado ha afirmado que nunca estuvo en Alcanar ni se integró en esa célula yihadista. “Yo no tenía relación con ellos. Mi vida no tenía nada que ver con esos chavales, era más mayor que ellos, tenía ya 28 años. Y jamás fuí a rezar a la mezquita. No era practicante. No conocía al imán”.

El 2 de agosto de ese año, ha manifestado, se fue a Marruecos porque tuvo “una discusión fuerte con mi pareja y vino la Policía a mi casa y me dijo que tenía una orden de alojamiento y me tenía que ir, y fui a Marruecos a desconectar”, y no a adoctrinarse como mantienen las acusaciones. Regresó el 13 de agosto, pero según él porque “la jueza me dijo que tenía que volver o me ponía en busca y captura, porque tenía el juicio el 13 o 14” y, además, tenía “una cita en una empresa de trabajo temporal”.

Respecto a la relación con su hermano Moussa, asegura que “no lo veía mucho” y ha negado que le trasladara los planes de la célula para atentar. “Una vez me comentó que un amigo suyo robó no sé qué, pero jamás pensé en esto”. Eso sí, “el último mes insistía en que rezara y que fuera a la mezquita”, ha añadido Oukabir, para quien las acusaciones contra él “están manipuladas”.

Por último, Said Ben Iazza – a quien la Fiscalía acusa de colaborar con la célula, por lo que pide una condena menor, de ocho años de cárcel- ha reconocido que el 2 de agosto dejó a “dos chicos marroquíes” a quienes “solo conocía como clientes” su documentación y la furgoneta de trabajo, pero ha negado que le dijeran que la necesitaban para trasladar material para fabricar explosivos. “Me dijeron que iban a Tortosa a comprar productos de limpieza”, ha insistido Ben Iazza, que ha asegurado que ni conocía al imán de Ripoll ni estuvo nunca en Alcanar.

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