RAFA LUNA:  Razonamiento o sentimiento

Este artículo pretende acercarse más al pensamiento en la resolución de conflictos, que no como un análisis político de unas encuestas. Los conflictos forman parte de nuestras vidas, manifestándose en forma de disgustos, peleas, enojos, dudas, problemas, dificultades, etc., encontrándolos en todos los ámbitos de convivencia, ya sea familiar, de amigos, laboral o social.

Los conflictos no son negativos en sí mismos, más bien, deben utilizarse como un instrumento positivo de superación.  Su negatividad surge cuando se convierten en violencia, cuando tratan de perjudicar de una manera u otra a uno mismo, otras personas o bien al entorno social. La violencia es el indicador que diferencia los conflictos positivos de los que no lo son, es decir, los negativos.

Los conflictos como tales manejan cargas de emotividad que no dejan de ser sentimientos, por ello, se hace necesario compensarlos con un adecuado raciocinio, evitando así, cualquier brote de violencia. Por ese motivo, los conflictos sociales, basados en los sentimientos de religión o nacionalismo, son los más preocupantes y delicados de gestionar para su solución.

Pues bien, teniendo cuenta lo anteriormente comentado, podría aplicarse a las encuestas de Carles Castro, que La Vanguardia publicó el pasado domingo, en referencia a lo que quieren los catalanes, en aplicación a lo que conocemos como “conflicto catalán”. Las propias cifras dibujan cuatro escenarios concretos que, podrían ser las bases para una posible resolución del conflicto, aprovechando la lectura de los números trataré de analizarlos desde los sentimientos versus el razonamiento. Los escenarios que se nos presentan son: mejora del sistema de financiación, nuevo Estatut, reforma de la Constitución o referéndum sobre la independencia. Sin duda alguna todos ellos revierten conflictos, algunos más escorados en los sentimientos y otros en el razonamiento.

De las cuatro opciones que presenta la encuesta, en referencia a una negociación bilateral con el Estado, la más preferida con un 28% es, la mejora del sistema de financiación apuesta una población más joven, así como los partidos constitucionalistas, tanto de izquierda como de derecha (recuerdo voto 2017), opción donde el sentimiento, se justifica más en razonamientos de intereses económicos, en respuesta al conocido “Espanya ens roba”. Le sigue con un 27% un referéndum sobre la independencia, aquí el tramo por edad se sitúa en más de 45 años, el soporte en esta opción viene de los partidos independentistas y con una gran carga emocional, la “revolució dels somriures”, conllevo, por falta de un acuerdo de las partes, al fallido referéndum del 1 de octubre y Declaración Unilateral de Independencia, sin contar con un proyecto viable de futuro, el tan reclamado “Plan B”, provocando todo ello, desilusión y desencanto en una gran mayoría de partidarios, en otros, la hiperventilación del fracaso.

Un 24% representa la reforma de la Constitución, aquí, con la salvedad de una formación política del ámbito de la derecha, porque la Constitución no deja de ser también un sentimiento para algunos, el resto guardan unos porcentajes no muy distantes, es en esta opción, donde se encuentra más él equilibrio sentimiento y razonamiento, pero también, donde más complejidad jurídica pueda existir para poder llegar a acuerdos. La última con un 10%, es un nuevo Estatut, no debe sorprender, después del fiasco de la última reforma estatutaria, no por ello no deja de ser una opción equilibrada en cuanto sentimiento y razonamiento.

Sin duda alguna, de todo lo expuesto no se escapa que existe un conflicto real, que no es nada fácil de superar, que los extremismos y algunos actos de violencia han colaborado en agravarlo más, convirtiendo el conflicto en duras penas para avanzar en su resolución, por no ver en el mismo la oportunidad de poder rectificar errores, empezando de nuevo, sin duda alguna, la hiperventilación en los conflictos no es nada bueno, te agota el oxígeno y no te deja respirar. Ahora se hace necesario una parada en el camino, donde la templanza permita analizar errores, dejando al margen rencores o revanchas, buscando nuevas formas de gestionar, alejadas de posturas inmovilistas o unilaterales, donde la base sean los intereses comunes de las partes, para poder llegar a consensos, con nuevos actores que no estén contaminados, sin olvidarse, que hoy la crisis del coronavirus exige una atención única. Quizás esta pandemia puede ser un vínculo de interés común, para ayudar en un futuro a un diálogo constructivo.R

Rafa LUNA
Exsenador i diputat

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