La pobresa energética afecta a casi 10% de los españoles

Con los termómetros desplomados y las calles teñidas de blanco en toda España, la situación extrema de muchas familias empaña las estampas más bucólicas. La pobreza energética ya afecta a casi un 10 % de la población de nuestro país. Un número que se ha visto incrementado por la pandemia de coronavirus. Es el caso de Susana, que nunca antes se había encontrado en la tesitura de no poder calentar su casa.

El confinamiento le hizo perder su trabajo y ahora tiene que buscar “trucos” para que sus hijas y ella puedan vivir lo mejor posible. Ha explicado que para ahorrar en suministros intenta “abrir las puertas de la casa para que se mueva el calor, cocinar más temprano y ducharse abriendo y cerrando el grifo”.

Lo que hace Susana es precisamente lo que aconsejan los expertos para sobrellevar estas situaciones tan extremas. Entre las recomendaciones, también, elegir la discriminación horaria en los contratos de luz. Es decir, adaptar las tarifas y hacer el consumo en los momentos más baratos del día.

Para Jenifer -con dos niñas pequeñas y despedida de su trabajo precisamente por quedarse embarazada- esto no resuelve el problema. “En marzo nos cortaron el internet”, relata, “y mi hija no podía seguir sus estudios”. Fue la propia niña quien tuvo que buscar una solución para no quedarse rezagada. Un apaño que pasaba por sentarse en las escaleras y conectarse al wifi de un bar cercano.

Como Susana, son muchos los que no pueden ni poner la calefacción una hora al día. Según Eurostat, nuestro país es el cuarto europeo con la energía más cara. Esto unido a que los sueldos están por debajo de la media del continente y con que el índice de la pobreza no para de aumentar, hace que miles de personas reclamen una solución.

Efectos físicos y psicológicos
Desde la oenegé ‘Acción contra el hambre’, una de sus portavoces, Lorena Hernández, ha incidido en que “el hecho de no poder comer caliente o de no poder darte una ducha además tiene efectos físicos y psicológicos graves”.

Algo que también está experimentando Mari Ángeles, a la que le ha cambiado la vida en los últimos tiempos y debe tirar de manta en casa: “no puedo darme caprichos. Es más, si no tengo pan prefiero no comer ese día a tener que pedir dinero para comprarlo”, dice. Y si no hay pan, “caprichos” como ir a la peluquería ni se plantean, reconoce.

La situación de Susana, Jenifer o Mari Ángeles contrasta con un dato: un 16% de los hogares gastan más de tres veces la media. Es decir, “mientras hay familias que viven a 16 grados o menos -cuando lo recomendable es hacerlo a 22-, otros están en camiseta de manga corta”, recuerdan desde la organización.

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