19. Maig 2024

Arxius de VITO TARRACORLEONE | Pàgina 2 de 2 | Diari La República Checa

REDACCIÓ3 Agost, 2020

En Can PSC hay tres aspirantes “oficiosos” que se disputan encabezar la lista socialista de las próximas municipales: Sandra Ramos, Carlos Castillo y Javier Villamayor. Ya sé que algunos dirán “apaga y vámonos”, pero todavía no se ha creado el wallapop de la política, por lo que no hay más remedio que elegir entre esas tres opciones o sacar un conejo de la chistera socialista.

Vamos con el primer aspirante, Carlos Castillo: aires byronianos, ideológicamente sobreactuado, abanderado de un republicanismo de zona vip, desinhibida intrepidez en las redes sociales, todo ello le hace ser una opción romántica, arriesgada y, en verdad, poco probable a tenor de los escasos apoyos con los que cuenta dentro de la casa fuerte de su partido. Sus detractores dicen de él que si le quitas los cargos públicos remunerados que ha desempeñado, le queda un currículum más enclenque que las canillas de Alonso Quijano. ¿Vale la pena continuar haciendo paellas en sua casa para sus ‘amiguitos’?

Sandra Ramos es la antítesis de Castillo: operaria de la política, previsible, cortoplacista, constante, empàtica… por resumir: francamente previsible, pero fiable. Ella es la carta comodina del PSC, una carta que significaría que los socialistas no aspirarían a ganar las próximas elecciones municipales en Tarragona, si no a posicionarse subordinadamente para entrar en un gobierno de izquierdas pactando con ERC y los Comunes.

Castillo y Ramos son muy distintos: él es un verso libre y ella un manual de instrucciones, pero quien más tiene que perder es Castillo, al que seguramente le cortarán la retirada para que desista y pacte una renuncia honrosa. El problema es que Castillo –  el Winnie-the-Pooh del PSC – es de los que piensa que la mejor defensa es un buen ataque y podría “independizarse”, y ahí le esperarían, ufanas, todo tipo de tribus políticas de la ciudad, a cada cual más variopinta, aguerrida y bulliciosa, aunque todas ellas de insondable cotización electoral.

La tercera opción en discordia es Javier Villamayor, que disfrutaría de una segunda oportunidad como la que tuvo mi primo Johnny Fontane, pero sin cabeza de caballo en la cama… espero. ¿Por qué comparo a mi primo con Villamayor? Porque al igual que él, Villamayor ha ido a lloriquear al Padrino (socialista) -léase Salvador Illa-, para recuperar su estatus de hereu, que perdió por su calamitosa gestión al frente de Tarragona 2018 o del proyecto Smart City.

Lo feo de Villamayor es que tras abandonar la política municipal se ha dedicado a criticar por lo bajini a todos los que fueron sus compañeros de gobierno en Tarragona, en especial a Ballesteros, cuando, sorprendentemente, los que ahora critica fueron, por ejemplo, los que le hicieron de parapeto cuando Villamayor se alió con los círculos de Sociedad Civil Catalana para ornamentar españolamente la inauguración de los Juegos Mediterráneos, con el nefasto y vergonzante resultado que todo el mundo pudo ver.

Fuera del programa oficial de festejos preelectorales queda por saber cuál es el papel de Ballesteros en este asunto y si realmente será un simple observador privilegiado o quiere tener un determinado protagonismo. Incluso, a pesar del caso Inipro y algunos fiascos como los Juegos Mediterráneos, cabría preguntarse si no sigue siendo Ballesteros el mejor candidato del PSC. El tiempo lo dirá…

Vito TARRACORLEONE

No es nada personal, son solo negocios

 


REDACCIÓ27 Juliol, 2020

Los 140.000 metros cuadrados de la Ciutat Residencial suponen el mayor mausoleo franquista en el urbanismo español después del Valle de los Caídos. Un espacio ubicado en un entorno privilegiado, propiedad de la Generalitat de Catalunya y que representa un chusco ejemplo de ineficacia, ineptitud y desvergüenza políticas de nuestros sucesivos gobiernos tanto en la Plaza Sant Jaume como en la Plaza de la Font, que no han sabido darle una salida provechosa ni al equipamiento ni a los terrenos.

Este complejo fue inaugurado por el ministro Solís en 1957 y reinaugurado por el mismísimo Caudillo poco tiempo después. Inspirada en la cultura obrera nacionalsocialista, fue la Obra Sindical de Falange Española la que promovió el proyecto de la Ciutat Residencial, siendo el mismo Solís quien firmara la adquisición de los terrenos por 443.000 pesetas, según informaba el Diario Español de la época.

El proyecto lo diseñaron y ejecutaron los arquitectos Jose María Monravá López y Antonio Pujol Sevil, siendo el primero de ellos el principal. Este arquitecto (Monravá), nacido en Tarragona en 1905, inició sus pasos profesionales en el seno de un movimiento arquitectónico que se denominó racionalismo catalán, pero le pilló el Alzamiento Nacional en Mallorca y decidió cobijarse bajo la protección de los nuevos mecenas victoriosos de la guerra civil.

Hay que aclarar que si los chalés que Monravá diseñó para la Ciutat Residencial tuvieron algún interés arquitectónico, éste quedará en los archivos, en el NO-DO y en la filmoteca con “La gran familia”, pues dichos chalés fueron derruidos en los 80 a instancias de la Generalitat, construyéndose otros nuevos. Con todo y con eso, la propia Generalitat cerró el chiringuito en 2011.

Lo esperpéntico del caso es que los técnicos de Patrimonio de la Generalitat consideran la Ciutat Residencial una de las maravillas arquitectónicas del país, pues sus informes para explorar alternativas a la deplorable situación de abandono actual siempre son desalentadores y disuasorios. Cuando el que fuera delegado de la Generalitat en Tarragona, Quim Nin, intentó seriamente desbloquear la situación y encontrar una salida al vetusto complejo, desde Patrimonio de la Generalitat casi le envían el somatén.

Tampoco se libra del bochorno el Ayuntamiento de Tarragona, ya que el POUM identifica ese espacio decrépito como un “bien de interés local”, que no ayuda nada a animar el cotarro, pues juega ese maldito papel de perro del hortelano, que ni construye ni deja construir.

El único interés que puede tener Tarragona en el espacio que ocupa la Ciutat Residencial es hacer un buen negocio con él, obtener un estimulante pellizco dinerario y destinar esa plusvalía a inversiones perentorias, que buena falta hace. Y si todavía queda alguna duda, añadiré que algunas fuentes consultadas estiman el valor de venta de la totalidad de la parcela ocupada por la Ciutat Residencial en 60 millones de euros, siempre que tuviese opcionalidad de usos.

Que no nos vendan humo con posibles proyectos de albergues juveniles, centros cívicos o residencias geriátricas. Todo monsergas. La Generalitat no tiene ni un euro para gastar en estas iniciativas que solamente buscan publicidad gratis y balonazo adelante.

En los tiempos que corren, con las urgencias sociales que tenemos y la escasez de recursos públicos que padecemos, ¿en serio que la Generalitat tiene la desfachatez de tener enterrados 60 millones de euros bajo la abandonada y retrofranquista Ciutat Residencial?

Mientras tanto, nuestro alcalde Ricomà sigue repensando la ciudad. A este paso le harán modelo adoptivo de Rodin.

Vito TARRACORLEONE

No es nada personal, son solo negocios.

 


REDACCIÓ21 Juliol, 2020

Dos miembros del gobierno -Jordi Fortuny y Xavier Puig- han aportado el suficiente sentido común para sacar adelante los asuntos perentorios durante la pandemia, pero ahora que sus compis van tomando en sus manazas los asuntos de la ciudad, ya asoman las sandeces políticas del pacto Aguilar-Ricomà.

Tarragona necesita un gobierno municipal que impulse proyectos que empujen económicamente a la ciudad, que generen ocupación estable, que proyecten una imagen de dinamismo fiable; unos responsables políticos que animen a la iniciativa privada y a la inversión de largo plazo. Tarragona necesita un alcalde, no un oráculo.

Fijémonos en dos proyectos que el gobierno “pimpinela” de Aguilar y Ricomà ha paralizado caprichosa y capciosamente: La Budellera y Mas d’en Sorder.

Josep Maria Andreu, presidente del club deportivo emblemático de Tarragona, lleva esperando pacientemente años y años a que se active el proyecto de La Budellera para poder empoderar patrimonialmente al club, reforzar el tremendo esfuerzo económico que se ha realizado en los últimos tiempos para sanear las finanzas del Nàstic, así como disponer de un excedente para implementar nuevas iniciativas de carácter social que tengan por objeto beneficiar a la masa social del club y a la ciudad.

Si permitimos que Aguilar y Ricomà se salgan con la suya, pasaremos de ser Tarragona a ser Tarragoná. Seremos la capital del ‘na de na’

No hablaremos de la indolencia supina de Ballesteros en este proyecto, porque ahora toca hablar de los “pimpinela” Aguilar y Ricomà. Y es que la ciudad debe crecer urbanísticamente para ampliar ratio demográfica frente a la oferta de poblaciones cercanas que ansían, legítimamente, ganar atractivo residencial en competencia frente a Tarragona.

El plan de Aguilar y Ricomà es que el proyecto de la Budellera baile la yenka durante toda esta legislatura. Me parece a mí que los socios del Nàstic, a cualquier miembro del gobierno municipal que visite el palco del estadio en la próxima temporada, deberían recibirlo con una sonora pitada, blanca pañolada y a gritos de fuera-fuera. (Es solo una idea)

Carla Aguilar i Pau Ricomà

Y luego tenemos el proyecto del Golf Costa Daurada, que Ricomà, según tengo entendido, explica que lo paraliza porque quiere repensar la ciudad, aunque en realidad lo que le ocurre es que su socia podemita Aguilar le ha dicho que si permite el desarrollo del proyecto le romperá el gobierno.

Ahora resulta que un proyecto bendecido por los técnicos municipales lo paralizan los políticos porque, para algunos miembros del gobierno municipal, las viviendas con altas prestaciones solamente pueden construirse y disfrutarse en Galapagar, donde los chalés de lujo en un entorno natural como el de la Sierra de Madrid son “eco” porque todos sabemos que Pablo e Irene reciclan mucho y mean colonia.

Y a ese modelo pedo-urbanístico de los “pimpinela” Aguilar y Ricomà, se ha sumado Dídac Nadal coyunturalmente. Nadal debe demostrarnos si solamente conoce la aristocracia del NO -vamos, lo que de toda la vida se conoce como un pijo progre- o, por el contrario, es capaz de bajar a la zanja a picar piedra, aunque le pese que con ello nos recuerde a lo mejor de su padre.

Les voy a contar un secreto… Ricomà no va a repensar la ciudad, ni Aguilar tiene una alternativa a inversiones privadas ilusionantes como las de La Budellera o Mas d’en Sorder. Simple y terriblemente, lo que ocurre es que su masa encefálica está enfajada por estereotipos anacrónicos y sometida a sus asambleas de partido, donde cuatro aprendices de Maduro se erigen cual inquisidores de la ciudad, o los rencores inconfesables campan a sus anchas en la sede local dels republicans. Así es el gobierno del despotismo ecoilustrado, donde unos pocos gobiernan para unos pocos… pero pagando todos, está claro.  

¿Cuántos años deberemos perder, cuántas oportunidades malograremos, cuántas inversiones extraviaremos, cuántas empresas expulsaremos, cuántos puestos de trabajo enterraremos, antes de que los “pimpinela” nos digan qué ciudad quieren? ¿Y saben qué es lo más trágico del asunto? Que cuando nos lo digan, todavía será peor la cosa.  

Queremos una ciudad de oportunidades, atractiva a los inversores, dinámica económicamente, generadora de puestos de trabajo y todo eso, claro que sí, respetando el medio ambiente. No queremos una ciudad de planes quinquenales, donde todo dependa de la nomenclatura política municipal y sus desvaríos. Si permitimos que Aguilar y Ricomà (que son buena gente) se salgan con la suya, pasaremos de ser Tarragona a ser Tarragoná. Seremos la capital del ‘na de na’.

Vito TARRACORLEONE

No es nada personal, son solo negocios


REDACCIÓ13 Juliol, 2020

Tras su victoria en las municipales de 2015, Ballesteros se aferró a esa manida afirmación orteguiana de que “yo solo creo en mí y mi circunstancia”. Sin embargo, es menos sabido que Ortega y Gasset prolongó esta frase con una segunda afirmación drástica “…pero si no salvo mi circunstancia, no me salvo yo”. Ballesteros pensó, vanamente, que lo bueno para él también lo era para Tarragona y atendió más a los designios astrológicos que a las leyes astronómicas.

Los pocos amigos sinceros que le quedaban al alcalde prefirieron hacerse discretamente a un lado. Aquellos estrechos colaboradores de Ballesteros, que en años anteriores le habían sacado de tantos entuertos, ya no estaban, se habían ido o los habían echado. A Ballesteros solo le quedaba un séquito de personajes que custodiarían al líder en su búsqueda de un destino glorificador: Gustavo Cuadrado, Begoña Floria, Pau Pérez, Josep Maria Bonet y Javier Villamayor, todos ellos muy iluminados.

A lo largo de su caminar a la verita de Ballesteros, estos cinco personajes fueron aportando sus dosis personales de belladona y estramonio al devenir del alcalde: Cuadrado quiso abrir un foso defensivo alrededor del alcalde y acabó cavando su fosa política; Floria escuchó cien veces a la serpiente de la ambición y sucumbió a ella, mordiendo una manzana tras otra; Pérez se propuso ser guía, amigo y confidente de Ballesteros, pero le traicionó manteniendo un idilio político con José Luís Martín; Bonet se conjuró para ser el más ballesterista y hoy es el más incomprendido; Villamayor fue el depositario del sueño olímpico de Ballesteros y terminó siendo su pesadilla.

El legado de Ballesteros es lo que es. Se encontró el Banco de España cerrado y con candado nos lo deja; se le durmió la Ciudad Residencial y postrada sigue; le cayó el parquin Jaume I y hundido continua. Ballesteros acusó a Nadal de no cuidar el turismo y quizás por eso Ballesteros ha sido un turista de oportunidades. Ahí siguen abandonados a la luna del olvido la Sabinosa, los fortines de la Reina y Sant Jordi o el complejo de la Tabacalera, de cuyo jardín vertical ya no queda ni la parra seca.  Podríamos seguir la ruta de los fiascos urbanísticos y patrimoniales de la ciudad de Ballesteros, pero hasta los inquilinos de la atribulada necrópolis me piden que me detenga… por vergüenza ajena.

Ballesteros, eso sí, nos deja sus rimbombantes discursos del estado de la ciudad y sus “abraçades”. Ni tan si quiera 20 años al frente del PSC de Tarragona le han servido para dejar herederos directos. Tal es el aborrecimiento entre Ballesteros y su Partido, que el alcalde exploró posibles sucesores suyos antes fuera que dentro de la sede de Ramón y Cajal, aunque este presunto asunto lo dejo para cuando me adentre en el bosque petrificado de los aspirantes a suceder como alcaldables a Ballesteros.

Y así llegamos al final de esta breve crónica en dos entregas, tan breve como lo será el espacio que ocupe Ballesteros en los libros de historia de la ciudad, que dirán de él que fue un alcalde con muchas intenciones, pero pocas acciones y aún menos soluciones.

Vito TARRACORLEONE

No es nada personal, son solo negocios

 


REDACCIÓ6 Juliol, 2020

¡Qué cruel pena para un alcalde es no poder escribir el final de su propio relato! Y así, con esta pena, Josep Félix Ballesteros camina, empujado por sus sombras, hacia el valle de los sueños rotos.

Esta historia empezó mal. En aquella asamblea de primarias del PSC, ahora hace 20 años, en la que Ballesteros derrotó a la siempre elegante Cinta Moriones, contra quien realmente debería haberse enfrentado el futuro alcalde era a Xavier Sabaté, sempiterno aspirante a discípulo de Robespierre. Pero aquel guion lo escribió una mano mefistofélica y, por esa razón, ambos pactaron que Ballesteros sería la cara amable del partido, mientras Sabater asumiría el papel de Gran Maestre en la sombra.

Vito Tarracorleone, en una platja de Tgna

Sin embargo, pocos meses después de aquellas primarias, Sabaté le retorció el brazo a Ballesteros para que – eso me dicen – iniciase una caza de brujas interna en el partido, poniendo especial inquina en llevar a Moriones a la hoguera. Como Dorian Grey por su eterna lozanía, Ballesteros empezaba a pagar el precio de su advenimiento político.

Los siguientes 7 años fueron la época vedette de Ballesteros: protagonista de “adivina quién viene a cenar esta noche” en numerosos hogares modestos de la ciudad, opositor con fair play de Joan Miquel Nadal e innovador en su proyección como político nuevo para una nueva Tarragona, por fin, en las municipales de 2007, consiguió alzarse con una victoria incontestable sobre el astuto Joan Aregio.

Los primeros cuatro años de alcaldía de Ballesteros transcurrieron en un vodevil de improvisaciones, ocurrencias, golpes de efecto y alguna genialidad, pero también alumbraron el que sería germen de su futuro acartonamiento político: la incapacidad de Ballesteros para liderar y cohesionar equipos de trabajo, así como el caro vicio de aglutinar afectos a su persona, pagados con la moneda de las promesas que no siempre se podrían cumplir. Lo primero, le llevó a delegar tareas y responsabilidades caprichosamente y, lo segundo, a rodearse de lealtades mercenarias… y de aquellos fangos, el lodo de Inipro.

Llegaba su segunda victoria en las elecciones de 2011 y Ballesteros se sintió empoderado, viendo, además, cómo se agrandaba su figura política, aunque más en lo simbólico que en lo real, todo sea dicho con la verdad por delante.

Un hecho no menor, que se sumó a la fiesta electoral, fue que, al poco tiempo de ser reelegido, Tarragona era designada sede de los Juegos Mediterráneos. Este proyecto Ballesteros lo convirtió, inmediatamente, en su flauta de Hamelin, con la que pretendió, torpemente, que toda la ciudad le siguiese hasta un horizonte de grandezas.

Por aquel entonces, Sabaté ya era un político a la baja, mientras el alcalde cotizaba al alza, aunque, ¡ojo al dato!, los brokers del parqué de calle Nicaragua, siempre atentos, siempre astutos, nunca compraron acciones del valor Ballesteros: esos mismos que ahora buscan poner distancia con el exalcalde aromatizando el asunto Inipro con extracto de pulcritud estatutaria y, así, de paso, enmascarar el hedor versallesco que impregna las estancias del palacete político de Iceta.

Y llegó el funesto y patético lustro de su último mandato, cuando Ballesteros se vio a sí mismo en una tragedia shakesperiana, rodeado de personajes tan incondicionales como incompetentes… (seguirá en la segunda parte)

Vito TARRACORLEONE

No es nada personal, son solo negocios…

 


REDACCIÓ30 Juny, 2020

Properament, i cada dilluns, larepublicacheca.cat estrena secció: Vito Tarracorleone. Aquest personatge de ficció periodística substituirà el desaparegut per sempre James Font. Serà una secció en castellà.

Vito ja ha arribat a Tarragona

Recent sortit del confinament, el nou espia del nostre digital està preparat per, durant l’estiu, explicar als nostres lectors alguns detalls que deixarà preocupat a més d’un. És que Vito Tarracorleone coneix millor que ningú les intrigues, traïcions, cops baixos i ambicions desmesurades d’una societat atrapada en el temps com és el cas de Tarragona.

Vito va néixer a Tarragona però va emigrar a Sicília de les mans dels seus ‘fraticelli’. Ara, fugint, segurament de la pandèmia, torna a la Ciutat Patrimoni de la Humanitat per ajustar comptes. Ve disposat a dir veritats com a catedrals.

Esperem que ningú s’ofengui perquè, a banda de tractar-se d’una fórmula d’animus iocandi, no és res personal, són només negocis… Així és Vito Tarracorleone i té ulls a tot arreu…