ALEX RIBA: Las contradicciones de la Covid terminan cuando se impone el sentido común

Vivimos tiempos convulsos. La situación pandémica originada por el coronavirus ha cambiado nuestro día a día. Las medidas de la Generalitat mutan constantemente. La cuestión es que los que toman las decisiones no son profesionales sanitarios, sino políticos. En un contexto excepcional como el actual, eso debe cambiar. Usemos el sentido común y dejemos que los entendidos sean los líderes a la hora de frenar la Covid-19.

Actualmente, el Govern impone el cierre de comercios, bares y restaurantes; implanta un toque de queda o, cómo lo llamaría el presidente Sánchez, una “restricción nocturna de movilidad”; y se confinan perimetralmente los municipios catalanes durante el fin de semana entre otras medidas. Muchas de ellas son imposiciones de, al menos, dudosa efectividad. La consellera de Salut, Alba Vergès, en relación a si el toque de queda es útil, dijo que “no lo sabe nadie”, y que son conscientes de que “la mayoría de la interacción social se da durante el día”. Entonces, ¿Qué sentido tiene restringir la movilidad durante la noche para limitar la interacción social?

Pero estas declaraciones no son el único elemento contradictorio en este panorama. Sin ir más lejos los buses, vagones de metro y en general todo el transporte público funciona como lo hacía antes de la pandemia. La semana pasada hubo retenciones en los cercanías y metros de Barcelona, aglomerando cantidades insanas de personas en los andenes y trenes que llegaban con retraso. De hecho, los lavabos del transporte público están cerrados, pero no se limita el aforo ni se restringen asientos. Por otro lado ¿Hasta qué punto es necesario cerrar las instalaciones de bares y restaurantes? Una medida más apropiada para no ‘herir de muerte’ a los hosteleros hubiera sido limitar el aforo, algo que ya se hizo en la desescalada de mayo. Las universidades, que han invertido grandes cantidades de dinero para ser seguras, ahora limitan la presencialidad a exámenes y prácticas. Sinceramente, parece que a las facultades solo les interesa avaluar con la seguridad de que sus alumnos no hacen ‘trampas’. Durante el verano, las duchas de la playa estaban inhabilitadas para evitar el contacto directo con el botón, por el contrario, los parquímetros seguían y siguen funcionando sin ninguna medida anticovid.

Si realmente queremos frenar esta segunda oleada de contagios, démosles el poder a los profesionales médicos. Ellos son los que más desean el bienestar de los ciudadanos, sin economía de por medio, solamente por salud. Por otro lado, los políticos deben centrar-se cómo evitar una crisis económica que se avista muy dura, sobre todo, para los más vulnerables.

Alex RIBA
Redactor en practicas

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