AGUILAR Y RICOMÀ, LOS PIMPINELA DEL ‘NA DE NA’

Dos miembros del gobierno -Jordi Fortuny y Xavier Puig- han aportado el suficiente sentido común para sacar adelante los asuntos perentorios durante la pandemia, pero ahora que sus compis van tomando en sus manazas los asuntos de la ciudad, ya asoman las sandeces políticas del pacto Aguilar-Ricomà.

Tarragona necesita un gobierno municipal que impulse proyectos que empujen económicamente a la ciudad, que generen ocupación estable, que proyecten una imagen de dinamismo fiable; unos responsables políticos que animen a la iniciativa privada y a la inversión de largo plazo. Tarragona necesita un alcalde, no un oráculo.

Fijémonos en dos proyectos que el gobierno “pimpinela” de Aguilar y Ricomà ha paralizado caprichosa y capciosamente: La Budellera y Mas d’en Sorder.

Josep Maria Andreu, presidente del club deportivo emblemático de Tarragona, lleva esperando pacientemente años y años a que se active el proyecto de La Budellera para poder empoderar patrimonialmente al club, reforzar el tremendo esfuerzo económico que se ha realizado en los últimos tiempos para sanear las finanzas del Nàstic, así como disponer de un excedente para implementar nuevas iniciativas de carácter social que tengan por objeto beneficiar a la masa social del club y a la ciudad.

Si permitimos que Aguilar y Ricomà se salgan con la suya, pasaremos de ser Tarragona a ser Tarragoná. Seremos la capital del ‘na de na’

No hablaremos de la indolencia supina de Ballesteros en este proyecto, porque ahora toca hablar de los “pimpinela” Aguilar y Ricomà. Y es que la ciudad debe crecer urbanísticamente para ampliar ratio demográfica frente a la oferta de poblaciones cercanas que ansían, legítimamente, ganar atractivo residencial en competencia frente a Tarragona.

El plan de Aguilar y Ricomà es que el proyecto de la Budellera baile la yenka durante toda esta legislatura. Me parece a mí que los socios del Nàstic, a cualquier miembro del gobierno municipal que visite el palco del estadio en la próxima temporada, deberían recibirlo con una sonora pitada, blanca pañolada y a gritos de fuera-fuera. (Es solo una idea)

Carla Aguilar i Pau Ricomà

Y luego tenemos el proyecto del Golf Costa Daurada, que Ricomà, según tengo entendido, explica que lo paraliza porque quiere repensar la ciudad, aunque en realidad lo que le ocurre es que su socia podemita Aguilar le ha dicho que si permite el desarrollo del proyecto le romperá el gobierno.

Ahora resulta que un proyecto bendecido por los técnicos municipales lo paralizan los políticos porque, para algunos miembros del gobierno municipal, las viviendas con altas prestaciones solamente pueden construirse y disfrutarse en Galapagar, donde los chalés de lujo en un entorno natural como el de la Sierra de Madrid son “eco” porque todos sabemos que Pablo e Irene reciclan mucho y mean colonia.

Y a ese modelo pedo-urbanístico de los “pimpinela” Aguilar y Ricomà, se ha sumado Dídac Nadal coyunturalmente. Nadal debe demostrarnos si solamente conoce la aristocracia del NO -vamos, lo que de toda la vida se conoce como un pijo progre- o, por el contrario, es capaz de bajar a la zanja a picar piedra, aunque le pese que con ello nos recuerde a lo mejor de su padre.

Les voy a contar un secreto… Ricomà no va a repensar la ciudad, ni Aguilar tiene una alternativa a inversiones privadas ilusionantes como las de La Budellera o Mas d’en Sorder. Simple y terriblemente, lo que ocurre es que su masa encefálica está enfajada por estereotipos anacrónicos y sometida a sus asambleas de partido, donde cuatro aprendices de Maduro se erigen cual inquisidores de la ciudad, o los rencores inconfesables campan a sus anchas en la sede local dels republicans. Así es el gobierno del despotismo ecoilustrado, donde unos pocos gobiernan para unos pocos… pero pagando todos, está claro.  

¿Cuántos años deberemos perder, cuántas oportunidades malograremos, cuántas inversiones extraviaremos, cuántas empresas expulsaremos, cuántos puestos de trabajo enterraremos, antes de que los “pimpinela” nos digan qué ciudad quieren? ¿Y saben qué es lo más trágico del asunto? Que cuando nos lo digan, todavía será peor la cosa.  

Queremos una ciudad de oportunidades, atractiva a los inversores, dinámica económicamente, generadora de puestos de trabajo y todo eso, claro que sí, respetando el medio ambiente. No queremos una ciudad de planes quinquenales, donde todo dependa de la nomenclatura política municipal y sus desvaríos. Si permitimos que Aguilar y Ricomà (que son buena gente) se salgan con la suya, pasaremos de ser Tarragona a ser Tarragoná. Seremos la capital del ‘na de na’.

Vito TARRACORLEONE

No es nada personal, son solo negocios

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