Los sindicatos abandonan a Ballesteros

El Ayuntamiento de Tarragona tiene un millar de empleados y empleadas, que son muchos si los traducimos en votos en las elecciones municipales, cada uno de ellos con sus familias, vecinos y amistades.

El alcalde Ballesteros siempre ha tenido una relación de complicidad con los sindicatos del sistema, – léanse Asemit, CCOO, UGT y USO -, pero eso ha cambiado en los últimos tiempos.

Los interrogantes judiciales que amenazan a Ballesteros le hacen aparecer, ante los sindicatos, como un referente precario. A esta circunstancia cabe añadir que el alcalde, hoy por hoy, ya no dispone de “enlaces” con los sindicatos, como lo fue, en su momento, Carlos Castillo con el todopoderoso sindicato Asemit de la Guàrdia Urbana, por poner un ejemplo bien conocido. Otro elemento que viene a agitar los ánimos en el patio sindical son las elecciones sindicales del próximo año, tan cercanas a los comicios municipales de mayo.

Este panorama ha propiciado todo tipo de encuentros entre representantes sindicales y políticos de la oposición municipal. Encuentros que han aumentado exponencialmente desde verano a esta parte. Mientras algunos sectores de USO y UGT han abierto canales permanentes de comunicación, e incluso complicidad, con Ciudadanos, CCOO y Asemit han buscado la cobertura principalmente de ERC. Fruto de esta nueva dinámica son las cada vez más frecuentes y airadas protestas sindicales en el salón de plenos y las denuncias filtradas a los medios de comunicación.

Los sindicatos veían en Ballesteros un interlocutor fiable, pero ahora albergan serias dudas y reproches, por eso flirtean con la oposición tras las pancartas, que bien, bien, no lo tapan todo.

Los guiños sindicales a la oposición, y viceversa, son constantes y evidentes, con lo que el alcalde estaría perdiendo unos aliados que lo han sido durante sus anteriores mandatos, hecho que permitió a Ballesteros mantener la paz social en la casa municipal y obtener rentables bolsas de voto para sus repetidas candidaturas como alcaldable, eso sí, a cambio de promesas de mejora laboral que después no se han visto materializadas. Los sindicatos veían en Ballesteros un interlocutor fiable, pero ahora albergan serias dudas y reproches, por eso flirtean con la oposición tras las pancartas, que bien, bien, no lo tapan todo.

El Conde CRÀPULA

 

 

REDACCIÓ


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